Урок испанского En el campo (texto) – В деревне (текст)

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Don Silvestre y Doña Rebeca

Don Silvestre y Doña Rebeca fueron una pareja de adultos mayores que nacieron en el campo, más o menos a principios del siglo XX, finalmente, cuando parte de ese campo fue absorbido poco a poco por la ciudad, ellos murieron “juntos”,  con su campo.

Don Silvestre se levantaba cada día muy de mañana, entre las cuatro y las cinco, incluso antes de que cantara el gallo,  lo hacía para ordeñar a sus vacas, para que el día le alcanzara  y pudiera hacer lo más que sus fuerzas y capacidades le daban.

Mientras tanto, doña Rebeca se dedicaba a limpiar la casa, atender a los totoles –juajolotes-, gallinas,  a darle de comer a los marranos, regar  plantas y macetas,  a preparar la comida y a hacer las tortillas a mano.

En esa casa, desde que uno se levanta no vuelve a pegar los ojos hasta que uno se acuesta.

Don Silvestre va al campo, conduce una carreta por unos caminos de terracería, de tierra a cuyo paso se levanta una polvareda, luego se introduce por unas veredas. Su carreta es arrastrada por una o dos mulas o mulos, depende esto del trabajo que vaya a hacer. Sobre la carreta pone su itacate, su agua, su hoz, machete y la guadaña, además de unos lazos que le servirán para amarrar algunas pacas de alfalfa y de sacate.

Mira el sol, es buena hora, apenas ha comenzado a amanecer. Inicia dando unos tragos de agua, con la guadaña en mano comienza a cortar la alfalfa, la cual se rinde y cae a sus pies, corta la que le es necesaria para ese día y la deja tendida un rato, ahora va a cortar algunas mazorcas para desgranarlas y preparar el maíz de las futuras tortillas. Saca su itacate y come lo que ha llevado. Después, toma el machete y corta la pastura, la carga y la lleva hacia la carreta, la acomoda y la amarra, todo esto le lleva algunas horas, descansa un poco, solo para tomar fuerzas, las cuales usará para cortar un poco  de fruta; manzanas, chabacanos y capulines.

Ahora sí, va por la alfalfa, la sube a la carreta y la amarra; lleva tanta que desde la parte de atrás él ya no se ve.

Son las cuatro de la tarde, se dirige a casa, el sol ya no pega a plomo, hará casi una hora de camino, se apresura porque doña Rebeca le espera ya para comer.

Por fín llega a casa, abre el portón de madera, hace algunas maniobras y entra de reversa.

¡Órale mula, arre! ¡Arre, arre!  ¡Oh, oh chingada mula, dije Oh!

Ya entra, descarga la carreta, lleva a la mula a descansar, le da de comer y él se va  a hacer lo mismo con doña Rebeca.

Le esperan unos buenos frijolitos, un caldito de pollo, unas tortillas hechas a mano y un jarrito de pulque.

—  ¡Ah eso si que es vida!

 Sin embargo, el trabajo continúa.

 

  1. ¿Dónde vivieron don Silvestre y doña Rebeca?
  2. ¿Cómo pasaba el día de don Silvestre?
  3. ¿Cómo pasaba el día de doña Rebeca?